Alejandro Rubiella
"No hace falta ir a la guerra para ver lo más duro"
Con la modernización de la sociedad y la guerra, la salud mental de los soldados está cobrando una relevancia creciente. Alejandro Rubiella, Coronel y Director de Comunicacion Prensa y Relaciones Institucionales del Ejército español, apoya esta afirmación basándose en décadas de experiencia tanto en el ámbito nacional como internacional, subrayando la importancia crítica de este asunto.

Alejandro Rubiella. Fotografía: Trinidad Buffo
La salud mental en la actualidad
Hoy en día los trastornos mentales afectan a aproximadamente uno de cada ocho habitantes del planeta. Siendo la principal causa de años vividos con discapacidad (AVD), según la Organización Mundial de la Salud (OMS), representan uno de cada seis AVD en el mundo; y el suicidio es el causante de más de una de cada cien muertes en el mundo. A pesar de esta realidad, los servicios de salud mental a nivel global adolecen de notables deficiencias y desequilibrios en materia de información, investigación, gobernanza, recursos y servicios. Además, la estigmatización y discriminación impiden que las personas busquen la ayuda apropiada.
La OMS señala veintiocho factores que influyen negativamente en la salud mental, entre los cuales se encuentran “tensión ocupacional”, “conflicto” y “condición de veterano de guerra”, relevantes para aquellos que sirven en el ejército. Asimismo, en situaciones de servicio extremo, se podrán sumar factores como “alimentación poco saludable”, “insatisfacción corporal”, “alteraciones del sueño”, “pérdida repentina de un ser querido”, “degradación ambiental”, “infraestructura de mala calidad”, “falta de acceso a los servicios” y “emergencias de salud”.
Todos estos datos ilustran cómo aquellos que desempeñan labores militares trabajan en un entorno que implica no solo riesgos físicos, sino también psicológicos.
Experiencia de veterano militar
Las Fuerzas Armadas españolas, una de las más antiguos del mundo, cuentan con más de 120.000 soldados. Sus áreas de intervención abarcan una amplia gama de funciones como la defensa del territorio español, la protección de la población mediante operaciones de ayuda en situaciones de desastre y actividades de bienestar social, el cumplimiento de las responsabilidades como miembro de la OTAN y misiones internacionales de mantenimiento de la paz. Durante periodos de tranquilidad, los militares reciben una formación intensiva en cuarteles y campamentos, y en situaciones de emergencia son movilizados a terreno, ya sea nacional o extranjero, a menudo con despliegues prolongados que pueden durar varios años consecutivos. Como en el caso de otras fuerzas armadas alrededor del mundo, esta labor implica demandas físicas y psicológicas significativas.
Alejandro Rubiella, Coronel y Director de Comunicación, Prensa y Relaciones Institucionales del Ejército de Tierra español, aborda este tema enfatizando su importancia. “Es común que los soldados enfrenten traumas, por lo que el ejército dispone de psiquiatras y psicólogos para brindarles tratamiento”. Destaca que desde el reclutamiento hasta el entrenamiento diario del personal se tiene en cuenta la cuestión psicológica.

Alejandro Rubiella. Fotografía: Trinidad Buffo
Aunque los soldados son seleccionados rigurosamente y no son propensos a sufrir enfermedades mentales, Rubiella reitera que no se puede ignorar por completo la incidencia de estos trastornos. Cuando estuvo como desplegado en Afganistán durante siete meses en 2011, presenció cómo sus colegas estadounidenses quedaban debilitados y se veían obligados a retirarse. Comenta que el peor escenario para ellos fue cuando escucharon cómo mataron a sus compañeros que se infiltraron en las líneas enemigas. Recuerda que algunos decían desesperadamente que podrían haber sido ellos mismos quienes hubieran muerto. “Al final estabas allí por trabajo, en una profesión que elegiste. Lo único que puedes hacer es dejarte llevar", murmura con una sonrisa amarga mezclada con resignación y sentido de misión.
El Coronel cuenta que la experiencia más dolorosa para él en su carrera militar fue la operación de rescate de cadáveres que tardó doce días tras el alud de la Tuca Blanca de Paderna, que ocurrió el 11 de marzo en 1991. Una avalancha cerca del pico más alto de los Pirineos mató a nueve militares españoles que hacían una marcha, un tipo de entrenamiento de esquí. En respuesta, se movilizaron el ejército, la Guardia Civil, la Gendarmería francesa, los bomberos catalanes y voluntarios de Protección Civil. “Yo, entonces teniente, me hice cargo del mando de la unidad de rescate porque entre los que murieron se encontraba otro teniente, compañero muy amigo mío”, cuenta el coronel. Durante varios días el equipo de búsqueda se dirigió en helicóptero hacia la ubicación del accidente. Intentaron localizar los cadáveres excavando túneles en la masa de nieve que se había deslizado y extendido 200 metros de ancho, pero no los encontraron. Pronto luego nevó y los túneles quedaron tapados. Tanto las familias como los compañeros y el equipo de búsqueda se sumergían en un profundo dolor cada día. No podían permitirse el lujo de hacer el luto, pues seguían saliendo a buscar los cuerpos. "Fue una experiencia muy dolorosa. Apenas logré superarla. No hace falta ir a la guerra para ver lo más duro", recuerda Rubiella melancólicamente.
Crisis con la que se enfrentan los soldados
Cada soldado puede enfrentarse a diferentes grados de crisis psicológica en diversas circunstancias. Aunque en la actualidad la tecnología puede haber reducido los riesgos físicos a los que están expuestos los conscriptos, parecen estar generándose nuevas y más tensiones psicológicas. El uso de armas no tripuladas y controladas a distancia desdibuja los límites entre el combate y la vida diaria de los milicianos, lo que conlleva una deshumanización. Además, la difusión de las redes sociales y las noticias en Internet significa que están expuestos de manera inmediata, directa y masiva a la opinión pública y a las críticas contra el ámbito militar basadas en información incorrecta e indiferenciada. Los conflictos actuales están dando lugar a una guerra psicológica, donde tanto la veracidad como la falsedad de la información pueden afectar a los efectivos y, en ocasiones, provocar desmoralización.
La salud mental y la moral de cada soldado son fundamentales para mantener la paz. El tema de la salud mental de los militares es uno de los más cruciales en el cambiante panorama social, tecnológico y político. Tanto para los combatientes como para los individuos y periodistas que observan y transmiten la información, aumentar el conocimiento y la comprensión sobre el ejército y la salud mental se está convirtiendo en una tarea cada vez más relevante.